Javed Iqbal confesó haber asesinado a 100 niños en Lahore, Pakistán. Durante meses, sus víctimas desaparecieron frente a una ciudad que apenas parecía darse cuenta de que existía un patrón.
Empresario, hombre de dinero y conocido desde años atrás por su cercanía inquietante con menores, Iqbal construyó durante décadas espacios que le permitían rodearse de jóvenes: negoc...