Pedro Nakada estaba convencido de que Dios le había encomendado una misión: limpiar el mundo de quienes él consideraba corruptos, pecadores e indeseables. Bajo esa idea delirante recorrió Huaral, Perú, seleccionando víctimas y convirtiéndose en uno de los asesinos seriales más inquietantes de la historia criminal peruana.
Conocido como “El Apóstol de la Muerte”<...