Durante mucho tiempo pensé que tener dinero ahorrado era solo para quienes ganaban mucho. Yo cobraba lo justo, tenía mil gastos y ninguna disciplina económica. Cada imprevisto —una avería del coche, una factura inesperada o una visita al dentista— me descolocaba por completo.
Hasta que un día, después de un mes especialmente caótico, decidí que necesitaba un colchón...
