Hace algunas noches, vinieron varios amigos a cenar a la casa. Hubo conversación larga, música, varias botellas de vino y una musaka, ese plato griego que se construye por capas y que, a diferencia de las rocas, tarda horas en formarse y minutos en desaparecer.
Al llegar, uno de ellos me entregó un pequeño paquete. Lo abrí de inmediato. Era una piedra. La levanté...