Nantes, 9 de agosto de 1979. Una vitrina amanece vacía en la ciudad deportiva. Ni el guardia ni su pastor alemán han visto nada. Pero la Coupe de France recién conquistada se ha esfumado en plena noche. No ha sido obra de un coleccionista ni un ladrón profesional, sino de cuatro trabajadores en paro, vestidos como si fueran del IRA.
Detrás del secuestro más disparatado...