La habitación de la residencia olía a un detergente cítrico que a ella le hería la nariz, un aroma demasiado afilado para ser amable. Las sábanas tenían esa textura rígida, llena de pequeñas fibras que le pinchaban la piel. Para los demás, era una cama limpia; para ella, era un lugar lleno de roces que le costaba mucho ignorar.
Durante el día, ella era la «anciana dulc...